10/07/2017 | ARQUEOLOGÍA
Redes sociales eran las de antes
Un becario estudia pinturas rupestres encontradas en cuevas de Santa Cruz e indica que se utilizaban como señales de tránsito e información.
La-María
Panel con múltiples motivos, colores y técnicas. Sector la María Baja. Foto: gentileza Raúl Gonzalez Dubox.

Las sociedades de cazadores recolectores que poblaron la Patagonia hace unos 12 mil años atrás recorrieron distancias enormes, enfrentaron inclemencias climáticas y animales feroces como el jaguar extinguido o el megaterio. ¿Cómo hacían para advertirse de los peligros? ¿Cómo se indicaba la cercanía de un curso de agua dulce? ¿Y su cosmovisión? ¿Cómo se transmitía? En síntesis, ¿Cómo se comunicaban entre ellos? “En el medio de la experiencia de tener que recorrer un espacio geográfico tan amplio, seguramente hayan tenido necesidades de todo tipo. De alimento, refugio, agua y de comunicación con otros grupos, lo que nos permite suponer que las pinturas estuvieron al servicio de esa información vital al momento de transitar un espacio tan grande, como la Patagonia”, explica, Raúl Gonzalez Dubox, becario doctoral del CONICET en el Instituto de Diversidad y Evolución Austral (IDEAUS, CONICET-CENPAT).

A lo largo de toda la Patagonia ciertos motivos parecidos entre sí como manos, guanacos, círculos, puntos y líneas se repiten, y para algunos investigadores esto podría indicar algún punto de contacto entre personas.

“Si fueron realizados por diferentes grupos, compartían ciertos códigos en común. Creemos que entre otras funciones, los sitios con arte rupestre podrían haber formado parte de una red de senderos que unían y comunicaban a los  cazadores recolectores que estaban en Cordillera, a los que estaban en la meseta y a los que se dedicaban a aprovechar los recursos marítimos”, asegura Gonzalez Dubox.

En referencia a la multiplicidad de pinturas encontradas, para los científicos es importante indicar que por ser un sitio que se lo ha pintado durante miles de años se debe considerar el análisis de las superposiciones.

“Si esa pared se pintó en diferentes momentos, cuando un nuevo grupo se la encuentra nuevamente puede tomar distintas actitudes respecto a las pinturas: considerarlas como propias y resignificarlas, o ignorarlas o finalmente taparlas, es decir, negarlas. Son tres tipos de actitudes que se toman frente al otro. Hemos observado dibujos de guanacos antiguos, por ejemplo a los que se les pintan corrales alrededor o que son resignificados y los convierten en caballos o se le pintan manos encima y se los tapa”, describe el científico.

En relación a las pinturas, el arqueólogo destacó la presencia dentro del registro arqueológico de motivos referidos a mujeres y niños. “Se encontraron dibujos de  vulvas y manos de niños y niñas pequeñas sobre manos adultas. Eso nos permite pensar en dos secuencias determinadas. Una relacionada a la necesidad de transmitir un conocimiento que es vital en la supervivencia de estas poblaciones en torno a la maternidad y al cuidado de los recién nacidos y a la atención de las madres en el momento del parto, mientras las manos chiquitas sobre manos adultas disparan interpretaciones vinculadas a contextos relacionados con el aprendizaje”, indica Gonzalez Dubox.

Según el científico, es frecuente en arqueología asociar el arte rupestre con una actividad reservada a un grupo restringido de personas. Muchas veces el arte se estudia asociado únicamente a los ritos de iniciación y se piensa a las cuevas como el espacio donde los chamanes iniciaban a los futuros aprendices. Sin embargo, no es el único de los paradigmas posibles.

“Cada vez más se piensa al arte rupestre como un soporte para transmitir información de uso público que lo ubica en un contexto de menor exclusividad. Todos podían pintar. En el caso de las manos, por ejemplo, podemos observar manos de todos los tamaños, izquierdas y derechas. Así, existieron, en este caso, una gran diversidad de motivos y por tanto de pintores. Pintaron mujeres, hombres, adultos, niños y niñas, de eso no hay duda. Creemos además que estos registros no tenían como función la decoración de las cuevas sino que estaban relacionadas a un sistema de comunicación y de difusión de ideas”, concluye.

La localidad La María está ubicada al sur de la meseta central de la Provincia de Santa Cruz. En esta estancia, el grupo de científicos bajo la dirección del arqueólogo Rafael Paunero, ha excavado siete sitios que son Casa del Minero, Cueva túnel, La Mesada, Caballo Muerto, Del Nido, La Lavandería y Puesto El Frío. En conjunto presentan un registro de doce mil años de ocupación humana.

Por Alejandro Cannizzaro. CCT CENPAT.

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